Todo empezó mucho antes de que fuera un trabajo. De niña, las tardes con mis amigas tenían banda sonora de obturadores y la ilusión de ir a buscar el carrete a la tienda de la esquina. No sabía lo que salía hasta días después — y quizás por eso me enamoré: de la espera, de la sorpresa, de que una imagen pudiera guardar un momento para siempre.
La fotografía nunca fue una afición que cogí de mayor. Era simplemente parte de mí.
Estudié Empresariales para ayudar con la empresa familiar. Era lo lógico, lo responsable. Y lo hice con convicción. Pero en 2008, cuando la crisis se llevó por delante muchas cosas — entre ellas, ese proyecto — la vida me dejó por primera vez con las manos libres.
Y sin pensarlo demasiado, cogí una cámara.
Lo que vino después fueron cursos, editoriales improvisadas por puro placer, retratos de actores, proyectos de moda. No buscaba clientes. Buscaba imágenes. Y en ese proceso, sin darme cuenta, me estaba convirtiendo en fotógrafa.
Mis amigos empezaron a pedirme fotos de sus bodas. Y algo hizo clic.
Hice el máster de fotografía de bodas en EFTI — una escuela que ya no existe, pero que recuerdo con muchísimo cariño. Funcionaba como mini talleres con fotógrafos de bodas de todo el mundo, cada uno con su mirada, su forma de contar, su estilo. De cada uno te quedabas con lo que encajaba contigo. Fue ahí donde encontré mi propia voz: algo entre lo editorial y lo real, entre la elegancia y la autenticidad.
Empecé a fotografiar bodas en 2017. Y desde entonces, no he parado.
Me siento profundamente privilegiada de hacer lo que hago.
Estar en una boda es estar en el epicentro de la felicidad de las personas. Ver la emoción en los ojos de los novios, en los de sus familias, en los de los amigos de toda la vida. Ser quien crea los recuerdos del día más importante de la vida de alguien — eso no lo cambio por nada.
No voy a una boda a hacer fotos. Voy a vivir ese día con vosotros, desde muy cerca, con toda la atención y el cariño que merece.
The Ro no soy solo yo.
Con los años he construido un equipo de fotógrafos y videógrafos que entienden las bodas exactamente como yo: con implicación, con sensibilidad y con las ganas de quien sabe que está viviendo algo irrepetible.
Son autónomos, sí — pero no colaboradores puntuales. Son personas con las que cuento siempre, que comparten la misma filosofía y que se implican en cada boda como si fuera la suya. La puerta siempre está abierta a nuevos talentos, pero solo si traen esa misma visión.
Cuando contratas a The Ro, no contratas una cámara disponible. Contratas una forma de ver y de sentir las bodas.
Estoy casada y tengo una niña de 11 años que ya me roba las cámaras. Soy una enamorada de los gatos — y de los animales en general. Tengo un huerto al que le dedico más horas de las que debería. Y si algún día me preguntas por mi plan de vida ideal, te diré que en mi próxima vida quiero un rancho en Texas o un santuario de animales. Lo que llegue primero. 😊
También tengo estudio en Torres de la Alameda, por si algún día quieres que nos veamos en persona.
The Ro no soy solo yo.
Con los años he construido un equipo de fotógrafos y videógrafos que entienden las bodas exactamente como yo: con implicación, con sensibilidad y con las ganas de quien sabe que está viviendo algo irrepetible.
Son autónomos, sí — pero no colaboradores puntuales. Son personas con las que cuento siempre, que comparten la misma filosofía y que se implican en cada boda como si fuera la suya. La puerta siempre está abierta a nuevos talentos, pero solo si traen esa misma visión.
Cuando contratas a The Ro, no contratas una cámara disponible. Contratas una forma de ver y de sentir las bodas.